martes, 12 de junio de 2012
La nueva mujer
Toallitas Femeninas de Tela "Flor de Cayena": La nueva mujer: Dibujo de Beatriz Vidal La expansión de la sexualidad básica humana, hoy erradicada, incluiría la expansión de la sexualidad de la niñ...
miércoles, 25 de enero de 2012
Alfonso en el Seminario de Ivan Illich
Alfonso tiene 4 meses y es la primera vez que lo llevo a un seminario.
Con mucha atención observó a Jean Robert, un arquitecto suizo que emigró a México en 1972, quien nos contó durante casi 4 horas unas anécdotas fascinantes sobre su amigo y colega Ivan Illich.
Alfonso escuchaba con atención a Jean sin perderlo de vista. Tal vez lo tenía cautivado su acento francés o quizas el tono grave de su voz o la certeza de su hablar. Cuando alguien enriquecía la reunión con el diálogo, Alfonso volteaba y observaba al nuevo locutor tratando, me imagino, de comprender el mensaje.
Después de un rato le di un poco de leche, se distrajo jugando con mis manos y mordiendo mi blusa y mis dedos y cuando se empezó a impacientar lo metí al rebozo y me salí al jardín. Con el canto de una canción de cuna se durmió en seguida y regresé al seminario en cuestión de dos o tres minutos.
Es muy placentero poder estar escuchando anecdotas tan interesantes como las que nos cuenta Jean, con Alfonso durmiendo placentero en el rebozo. Mientras platicaba me imaginaba sentados en algunas piedras o troncos alrededor del fuego en la selva baja caducifolia, quemando de vez en cuando unos copales u otras maderas con resinas aromáticas para añadirle olor a las historias. Yo creo que las estrellas o los sonidos de la noche mantendrían asombrado a Alfonso (como ocurre con Rigel) por un par de horas.
Nos conto sobre la época de oro de Cuernavaca, la relación de Illich con otros grandes pensadores de la época y nos detuvimos varias veces a analizar algunas palabras o conceptos que se nos atravesaban en la conversación y requerían un análisis más profundo. De vez en cuando contaba algún chiste que sólo algunos entendían y de vez en cuando había chistes para todos donde todos reían a carcajadas, y en uno de los últimos Alfonso se despertó. Fue muy ecuánime. Se metió el dedo en la boca y chupándolo mientras yo lo arrullaba empezó de nuevo a dormitar. Otro chiste lo despertó definitivamente y lo saqué del rebozo para otro rato de seminario.
Allí conoció a (++) y jugueteó con el un rato, sonreía de oreja a oreja y ocasionó unas cuantas sonrisas entre los presentes. Le preguntó a (+++) si quería cargarlo y le encantó la idea, así que Alfonso cambió de brazos por primera vez en la noche, se veía seguro y contento, aunque un poco cansado. Como a los 15 mins se empezó a impacientar, sabía que quería seguir durmiendo pero había mucha actividad alrededor para hacerlo facilmente.
La conversación había llegado a un punto de sumo interés para mi, la relación de Illich con Freire, lo que nos llevó a discutir el concepto de la concienciación, después discutimos sobre los sistemas y terminanos discutiendo los términos griegos y latinos "órgano" e "instrumento". No voy a ahondar en los temas del seminario en este blog, ya que no es el objeto del mismo, pero dejaré una frase que me quedó grabada en la memoria como si de un grabado en piedra se tratase: Instrumentum separatum.
El pequeño había hecho sonreir a la mayoría de la comuna, a excepción de Jean que seguía contando anécdotas con una habilidad impresionante. Los pequeños gorjeos y su franca sonrisa conquistó primero a las mujeres y después a los hombres. Es impresionante lo que puede hacer la pureza de un bebé en el alma desgastada de un adulto.
El seminario llegaba casi a su fin, y ya le había dado leche de nuevo a Alfonso. El aroma alrededor era aquel al que me he acostumbrado por estos días: Aliento de leche fresca de Alfonso, sudor de ambos desemascarado del perfume y tela humedecida con orina del pañal de Alfonso. No era mucho, no valía la pena desvestirlo para cambiarlo, mejor que conservara el calor porque la temperatura había bajado bastante. Lo paré en un sillón, lo acuné un par de veces lo llevé a ver las pinturas y esculturas de los alrededores y cuando empezó a toser, Isabel tercero me pasó su chaleco el cual le puse en seguida. Ya arropado lo metí en el rebozo y de nuevo me salí a arrullarlo y cantarle y se durmió en seguida.
La reunión terminó unos 10 minutos después y durmió todo el camino de regreso y hasta el día siguiente.
Una noche, por demás agradable.
Con mucha atención observó a Jean Robert, un arquitecto suizo que emigró a México en 1972, quien nos contó durante casi 4 horas unas anécdotas fascinantes sobre su amigo y colega Ivan Illich.
Alfonso escuchaba con atención a Jean sin perderlo de vista. Tal vez lo tenía cautivado su acento francés o quizas el tono grave de su voz o la certeza de su hablar. Cuando alguien enriquecía la reunión con el diálogo, Alfonso volteaba y observaba al nuevo locutor tratando, me imagino, de comprender el mensaje.
Después de un rato le di un poco de leche, se distrajo jugando con mis manos y mordiendo mi blusa y mis dedos y cuando se empezó a impacientar lo metí al rebozo y me salí al jardín. Con el canto de una canción de cuna se durmió en seguida y regresé al seminario en cuestión de dos o tres minutos.
Es muy placentero poder estar escuchando anecdotas tan interesantes como las que nos cuenta Jean, con Alfonso durmiendo placentero en el rebozo. Mientras platicaba me imaginaba sentados en algunas piedras o troncos alrededor del fuego en la selva baja caducifolia, quemando de vez en cuando unos copales u otras maderas con resinas aromáticas para añadirle olor a las historias. Yo creo que las estrellas o los sonidos de la noche mantendrían asombrado a Alfonso (como ocurre con Rigel) por un par de horas.
Nos conto sobre la época de oro de Cuernavaca, la relación de Illich con otros grandes pensadores de la época y nos detuvimos varias veces a analizar algunas palabras o conceptos que se nos atravesaban en la conversación y requerían un análisis más profundo. De vez en cuando contaba algún chiste que sólo algunos entendían y de vez en cuando había chistes para todos donde todos reían a carcajadas, y en uno de los últimos Alfonso se despertó. Fue muy ecuánime. Se metió el dedo en la boca y chupándolo mientras yo lo arrullaba empezó de nuevo a dormitar. Otro chiste lo despertó definitivamente y lo saqué del rebozo para otro rato de seminario.
Allí conoció a (++) y jugueteó con el un rato, sonreía de oreja a oreja y ocasionó unas cuantas sonrisas entre los presentes. Le preguntó a (+++) si quería cargarlo y le encantó la idea, así que Alfonso cambió de brazos por primera vez en la noche, se veía seguro y contento, aunque un poco cansado. Como a los 15 mins se empezó a impacientar, sabía que quería seguir durmiendo pero había mucha actividad alrededor para hacerlo facilmente.
La conversación había llegado a un punto de sumo interés para mi, la relación de Illich con Freire, lo que nos llevó a discutir el concepto de la concienciación, después discutimos sobre los sistemas y terminanos discutiendo los términos griegos y latinos "órgano" e "instrumento". No voy a ahondar en los temas del seminario en este blog, ya que no es el objeto del mismo, pero dejaré una frase que me quedó grabada en la memoria como si de un grabado en piedra se tratase: Instrumentum separatum.
El pequeño había hecho sonreir a la mayoría de la comuna, a excepción de Jean que seguía contando anécdotas con una habilidad impresionante. Los pequeños gorjeos y su franca sonrisa conquistó primero a las mujeres y después a los hombres. Es impresionante lo que puede hacer la pureza de un bebé en el alma desgastada de un adulto.
El seminario llegaba casi a su fin, y ya le había dado leche de nuevo a Alfonso. El aroma alrededor era aquel al que me he acostumbrado por estos días: Aliento de leche fresca de Alfonso, sudor de ambos desemascarado del perfume y tela humedecida con orina del pañal de Alfonso. No era mucho, no valía la pena desvestirlo para cambiarlo, mejor que conservara el calor porque la temperatura había bajado bastante. Lo paré en un sillón, lo acuné un par de veces lo llevé a ver las pinturas y esculturas de los alrededores y cuando empezó a toser, Isabel tercero me pasó su chaleco el cual le puse en seguida. Ya arropado lo metí en el rebozo y de nuevo me salí a arrullarlo y cantarle y se durmió en seguida.
La reunión terminó unos 10 minutos después y durmió todo el camino de regreso y hasta el día siguiente.
Una noche, por demás agradable.
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